martes, 9 de diciembre de 2008

Un clavo saca a otro clavo

Hola gente

Viajar es uno de mis grandes placeres. Es para mi una gran satisfacción colgarse la mochila y descubrir rinconcitos repartidos por el mundo: sus monumentos, su naturaleza, sus costumbres y su gastronomía.

Tengo la suerte de que en ocasiones mi empresa me manda de excursión a trabajar en las oficinas del cliente, así que consigo viajar de gorra, detalle que en tiempos de crisis como los que corremos es de apreciar. Eso debió pasarme en el mes de septiembre, octubre como muy tarde, en que yo debía haber viajado a Asturias. Concretamente a la capital, Oviedo, para realizar un trabajo durante 2-3 semanas en la Dirección General de Tributos de Asturias. Pero el placer y el deber no siempre van cogidos de la mano, y al final ese viaje se canceló. Imagino que un efecto colateral de esta maldita crisis que nos azota...

Pero como bien dice nuestro rico acervo popular, un clavo saca a otro clavo, así que el clavo de Asturias me lo he sacado este puente de la Constitución con un viaje a Shannon (Irlanda). Así que con mi mochila de aventurero y teniendo como acompañante a mi compañero del trabajo (y por supuesto amigo) Felipe, nos dirigimos al aeropuerto de Shannon, en la comarca de Clare, en vuelo directo desde Málaga por sólo 40 € (gracias Ryanair).

Así que a mandos de un volante a la derecha y conduciendo por la izquierda, nos echamos a la carretera para recorrernos la comarca de Clare y visitar lo más destacado que descubrimos.

Para ir abriendo boca, nos dirigimos hacia los acantilados de Moher, impresionante pared de más de cien metros de altura sobre el Atlántico.

Acantilados de Moher (Cliffs of Moher)


Después atravesamos el paisaje de la zona de El Burren, para admirar el resto megalítico más importante de la zona, el dolmen de Poulnabrone.

El dolmen de Poulnabrone


Visitamos también Ennis, el castillo de Bunratty en Newmarket-on-Fergus, y finalmente Limerick, donde se nos hizo de noche y no pudimos contemplar como se merece su castillo y su barrio medieval.

Una vez que se nos hizo de noche, nada mejor que entrar en un típico pub para probar esos zumitos de cebada que hacen tan buenos los de la marca Guinness.

Aquí con la pinta. En el próximo viaje caerán también la niña y la santa maría


Un destino entrañable que espero repetir algún día, a ser posible con más tiempo para poder descubrir más rincones...

Besos y abrazos